miércoles, 9 de abril de 2008

FEA MI CIUDAD

Después de bañarme, verme otra vez al espejo y vestirme con unos harapos, salí de mi casa con rumbo a la de mi vecino de manzana. Israel ya me había dicho de sus planes del día, a los que, de media gana, me uní pensando cambiar el rumbo del día si se dejaba. Saqué mi nueva cámara digital -sí, la que alucinaba la otra vez-, y pensé en andar por el centro y aventarme a cualquier cosa fotografiable.

Las cosas que me recuerdan por qué la ciudad no me gusta. Con asco fotografié el camión de la basura. Con morbo, a una señorita que pasaba frente a nosotros con lindas facciones y un cuerpo bien formado. Pensando en cuántas veces la habrían retratado antes, encuadré a la catedral de San Marcos. Unos pericos que sin miedo se posaron en un matilizhuate en pleno parque. Con el gentío y el claxon y el grito de la loquita y las muchachas que ríen y el vochito con megáfonos anunciando la lucha libre en el coliseo Roma y la música que llega de unas cuadras más allá y las mujeres vendemangos en la esquina que entorpecen el libre camino del peatón y las combis peleando pasaje y… y… y.

No hay otro día igual. Este día puse más atención a lo fea que es mi ciudad. El primer cuadro de la ciudad. Ese lugar donde la clase media baja y la baja pasan por necesidad. Los de un poco más arriba pasan en sus coches, horrorizados por el tránsito, pero con clima allí dentro. El sol ya empezaba a irse y el calor no se detenía. Sudores. Olores. Plagado de humores.

Decidimos ir a plaza cristal. El lado poniente es más cómodo. Mejores construcciones, espectaculares llamativos, las nuevas pantallas gigantes de publicidad, tiendas de caché, hoteles y aire acondicionado y pisos de mármol y escaleras eléctricas y las niñas lindas en ropas coloridas, sexies, y el Garçon que te atiende muy propio y… y… y.

Bajamos de la combi. Comprar discos. Ver qué hay de nuevo. Checar cámaras, accesorios y demás. Encontrar conocidos y querer conocer. No quiero tener hijos. Luego revistas. Fotos y literatura contemporánea. Narrativa y poesía. BABY BABY BABY… caperucita roja en trajecito de cirquera. La compré. No llevaba ni un quinto en el bolsillo. Isra se mochó con mis gastos. Revistas y el cafetín en el Sanborns. Tomé fotos y modelé. En la mesita, Isra se adueñó de mi cámara y yo improvisé algunas poses falsas y otras que no me gustaron. ¿Y qué tiene? Mientras nosotros disfrutábamos del talento de mi camarita y de Isra, la gente empezaba a voltear. Nos valió queso. No, el queso es rico. Café, crema y azúcar. “A las meseras las visten como servidumbre de la época, ¿ya te diste cuenta?” observó Isra. “Será para que la gente se sienta como el patrón” agregué. Lo escupimos.


Hojeamos las revistas y los cafés empezaban a digerirse. Mis ánimos ya se sentían alterados. Mejores ideas venían y disfrutamos el rato ahí. No me gustan esos lugares. Creo que me dan ganas de mostrarle a la gente estirada que no me da pena ser normal y simple y cualquier ser humano, sin clase y qué divertido es ser así, sobre todo en esos lugares. ¿Han experimentado la mirada criticona o espantada o inquisidora? Mmm… me recuerdo al Perro. Diógenes me acompaño en la velada. “Esos weyes son gays” leí en la mirada de uno. “Qué botanas son esos” su-surró la chica que se reía de mis poses. Las señoronas nos miraban con estupor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusto tu colash de las fotografias, tienes una mirada chida, o mejor dicho un rostro tal vez enigmatico. comparto tus comentarios acerca de la ciudad. Ros.